Esta historia comienza en el
aeropuerto de Los Rodeos en
Tenerife, el día 29 de Mayo de
2008, cuando esperábamos
ansiosas la llegada de
Alejandro. Entre vuelo y vuelo,
y con la desesperación de no
saber nada compartíamos
anécdotas, palabras y nervios.
Se nos hacía tarde para llegar a
la cola del concierto y Ale no
llegaba. Llega la orquesta, los
mariachis y el coro, y nos
informan de que él llegará un
ratito antes del concierto.
Decidimos irnos, unas a sus
casas, otras al hotel, pero
todas con el mismo fin, vernos
en la entrada para disfrutar
juntas de ese momento tan
esperado.
Cuando ya estábamos en la cola,
faltaban dos de las chicas por
llegar, estaban en el hotel, y
cuando salían llegaba Alejandro
Fernández, así que aprovecharon
la ocasión para compartir unos
segundos con él.
Llega la hora de entrar, todas
corremos para estar delante, muy
cerquita, ¡Lo conseguimos!
Empieza el concierto.
Disfrutamos de su música, de su
talento, de su voz, su sonrisa y
su mirada. Le habíamos preparado
un detalle, queríamos darle algo
que le llegara al corazón, y
puede que lo hayamos conseguido,
le dimos una camisa con la foto
de lo que es más importante para
él, sus hijos, su familia.
Es la hora de regresar, después de
2.30h, aunque parecía que sólo habían
pasado segundos, el concierto ya había
terminado, pero no podíamos quedarnos
sin verlo de nuevo. Fuimos hasta el
hotel pero ya había entrado, así que
decidimos esperar al día siguiente para
verlo.
El 30 de Mayo desde muy temprano
estábamos esperando el ansiado momento,
y mientras eso sucedía nuestros
intereses en común iban a más, eran más
las cosas que queríamos compartir y
seguir llevando muy lejos juntas, no
queríamos que esos momentos tan
maravillosos que habíamos vivido esos
dos días quedaran ahí, y fue cuando
surgió la idea de formar este Club en el
que dejemos constancia de todo lo que
sentimos y de todo lo que nos aporta el
potrillo.
Al final de todo valió la pena esperar,
pues al final del día vimos a Alejandro,
compartimos con él unos minutos,
disfrutamos de esa sonrisa con la que
nos obsequió, y nos dejó constancia de
que volveríamos a verle.
Ahora las cosas serán mucho mejor pues
él sabrá que tiene aquí gente que le
quiere, le apoya y le espera siempre…